LUCIO MANSILLA UNA EXCURSION A LOS INDIOS RANQUELES PDF

Creencias de los indios. Respeto por los muertos. Plata enterrada. Heroicidad de algunas mujeres.

Author:Kigak Dishicage
Country:Finland
Language:English (Spanish)
Genre:Music
Published (Last):11 July 2015
Pages:37
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ISBN:842-9-25050-696-4
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Todos los escritores tienen una palabra favorita que los traiciona. Esa palabra es como el metro para ciertos poetas. Decididamente alcanzamos unos tiempos raros, -realizamos todo menos lo que queremos. Un grito de desaliento puede salir del pecho mejor templado. A Lucio V. La primera lectura de tus cartas ha encantado al pueblo argentino.

En un libro los va a saborear. Pero prefiero no hacerlo. Al amor lo pintan ciego. Aspiraciones de un tourist. Los gustos con el tiempo. Un tratado internacional con los indios.

Hay razas y naciones creadoras, razas y naciones destructoras. Yo comprendo las satisfacciones del rico y las del pobre; las satisfacciones del amor y del odio; las satisfacciones de la oscuridad y las de la gloria. Juan o D. Pedro, un nombre de pila cualquiera, sin apellido notorio -eso no. Muchos miles de leguas cuadradas se han conquistado.

Una china y un bautismo. Peligros de la diplomacia militar con los indios. El indio Linconao. Efectos del deber sobre el temperamento. Desconfianza de los indios para beber y fumar. Sus preocupaciones al comer y beber. Un lenguaraz. Linconao atacado de las viruelas. Efecto de la viruela en los indios. Gratitud de Linconao. Reserva de un fraile. Si la componen veinte individuos, los veinte se presentan.

Una de ellas estriba en no comer ni beber cosa alguna, sin antes ofrecerle las primicias al genio misterioso en que creen y al que adoran sin tributarle culto exterior. Es una especie de conjuro. Linconao fue atacado fuertemente de las viruelas, al mismo tiempo que otros indios. Todos ellos me esperaban mustios, silenciosos y aterrados, contrastando el cuadro humano con el de la riente naturaleza y la galanura del paisaje. Linconao estaba desnudo y su cuerpo invadido de la peste con una virulencia horrible.

Aquella piel granulenta al ponerse en contacto con mis manos, me hizo el efecto de una lima envenenada. Cuando en Tierra Adentro aparece la viruela, los toldos se mudan de un lado a otro, huyendo las familias despavoridas a largas distancias de los lugares infestados. Los pobres salvajes ven en la viruela un azote del cielo, que Dios les manda por sus pecados.

Todas estas circunstancias, pues, agregadas a las consideraciones mentadas en mi carta anterior, me empujaban al desierto. El paso del Lechuzo. Defecto de un fraile. Preparativos para la marcha. Resistencia de los gauchos. Pensamiento que me preocupaba. Temores de los indios. Seguridades que les di. Las mujeres del fuerte Sarmiento. Un simulacro. Era una noche hermosa, de esas en que el mundo estelar brilla con todo el esplendor de su magnificencia. Eso es tener todo andando por los campos: tener que comer.

Por supuesto, que un par de buenos chifles no han de faltarle a ninguno que quiera tener paz conmigo. Yo he resistido setenta y dos horas sin comer, pero sin beber no he podido estar sino treinta y dos. Hoy pienso de distinta manera. Creo en la unidad de la especie humana y en la influencia de los malos gobiernos.

Positivamente los nombres no son el hombre. Cuando todos esperaban ver arrimar mis tropillas y las mulas para tomar caballos, aparejar las cargas y que me pusiera en marcha, oyose un toque de corneta inusitado a esa hora: llamada redoblada. Decididamente los indios han invadido por alguna parte, eran las conjeturas. La partida. Lenguaje de los paisanos. El caballo y la mula. Una despedida militar.

La Laguna Alegre. Hay una idea a la que el hombre no se resigna sino cuando es santo, y es a morir sacrificado con la mansedumbre de un cordero. El camino del Cuero pasa por el mismo fuerte Sarmiento que le ha robado su nombre al antiguo y conocido Paso de las Arganas.

Al oeste le llaman arriba. Al este, abajo. Una rastrillada, son los surcos paralelos y tortuosos que con sus constantes idas y venidas han dejado los indios en los campos. Guadal se llama un terreno blando y movedizo que no habiendo sido pisado con frecuencia, no ha podido solidificarse. El caballo de los indios es una especialidad en las Pampas. Unas veces el pasto, otras veces el color de la tierra son indicios seguros.

Y llegan a acobardarse tanto, que a veces no hay poder que los haga dar un paso adelante cuando pisan el borde movedizo de la tierra. Picado con las espuelas parte como el rayo y salva el mayor precipicio. El caballo se lanza como el rayo; la mula tantea antes de ir adelante. Cuando hay peligro no hay que advertirla; a nada obedece, ni a la rienda, ni al rebenque, ni a la espuela. Es excusado querer dirigirla. Ella va por donde quiere. Hay que sentir y callar.

Fue menester ponerles a todas bozal y llevarlas tirando del cabestro. Y hasta los asistentes que cocinan el puchero y el asado, y los que ceban el mate, meten, de vez en cuando, su cucharada en la charla general, apoyando o contradiciendo a sus jefes y oficiales, diciendo alguna agudeza o alguna patochada. Voy a mi cuento. En una palabra. Los oficiales le estimaban y los soldados le respetaban por su porte.

De vez en cuando le buscaban para tirarle la lengua y arrancarle tal cual agudeza correntina. Aquello era un infierno de fuego.

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Una excursión a los indios ranqueles – Lucio V. Mansilla

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